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5.3.15

Secret Cinema

Existe un secreto a voces en Londres. Se habla de un cine, pero conceptos como fiesta de disfraces, happening, concierto o paseo turístico, salen a colación. Nadie concibe qué es realmente el evento hasta que se vuelve parte de él; y lo mejor es que una vez vivida la experiencia, uno habrá de guardar silencio…
Este es el misterioso Secret Cinema.


Fornidos soldados franceses exigen los papeles que avalan a uno como ciudadano europeo para cruzar la frontera. En distintos callejones del casbah, insurgentes árabes presumen sus bombas caseras. Y mientras que encantadoras azafatas de Air France coquetean con un grupo de asistentes afortunados, a otros les toca guardar silencio al verse rodeados por una boda musulmán.
Donde los sentidos mandan, las emociones obedecen. Los eventos de Secret Cinema llevan a su público, en minutos, de una ajetreada calle londinense al Argel de 1956. El por qué es sencillo: romper la cuadrada estructura de la experiencia del cine. El cómo tiene que ver con la magia, el talento y la puntería de un grupo de visionarios.
Secret Cinema nació en 2007 en la capital británica como una alternativa al ordinario y formulaico mundo de los multicines. Alrededor de la proyección de una película crearon un evento de entretenimiento que aborda al público a través de los sentidos. Los resultados hablan por sí solos: cinco años creciendo en Londres, además de proyecciones en Nueva York, Berlín y hasta Kabul.
El formato es el siguiente: una presencia enigmática en su página de Internet y distintas redes sociales; el asistente se registra y es notificado cuando arriba el próximo evento. Se paga el equivalente en libras a 500 pesos sin conocimiento alguno más que la fecha del evento. Una semana antes uno conoce la vestimenta y el punto de reunión; a partir de ahí empieza el juego de adivinanzas. Llega el día y todos y cada uno de los invitados se queda atónito ante el nivel de producción. Las locaciones, la decoración de los distintos sets, la oferta de comida y bebidas con base en la temática del lugar. Los disfraces de los asistentes se mezclan con los de decenas de actores improvisando escenas alusivas a la película al punto que uno no tiene otra opción más que dejarse llevar por el mundo que lo abraza y entrar en papel.
Después de un par de horas de agasajarse y descubrir en cada recoveco detalles únicos del happening, producto de la comunión entre asistentes y creadores, todos son conducidos a las salas donde se proyecta la película. En el caso mencionado fue La Batalla de Argel [1966], el clásico político de Gillo Pontecorvo. Mientras uno disfruta de la película, va revalorizando lo recién vivido. El estallido en blanco y negro de las bombas de la insurgencia argelina remite al evento evocado a la perfección minutos antes, que además fue aprovechado para convocar a todo el público a la sala de proyección.
Corren créditos, uno abandona el lugar y compara su experiencia con la de sus amigos; todas distintas. Un emocionado debate entre los grupos de asistentes demuestra que esto no es una “ida al cine” cualquiera. La oportunidad de sentir la trama en carne propia, yuxtapuesta a un repertorio de importantes obras cinematográficas y aunado al factor misterioso, hace que el público se vea deslumbrado por el evento.
Paranoid Park [2007], Lawrence de Arabia [1962], Alien [1979], la selección es variada y además busca siempre estar en sintonía con el mundo actual. La primavera árabe los llevo a proyectar La Batalla de Argel. Los disturbios estudiantiles a razón de la inflación exagerada en las colegiaturas universitarias se vieron reflejados en The Red Shoes [1948]. Asimismo, cuando no hay ningún tema en boga, ofrecen opciones divertidas de recrear como Ghostbusters [1986].
El cine como forma de arte lleva más de un siglo en crecimiento; el cine como formato de entretenimiento… no. De los nickelodeons en 1900 a los multicines de hoy en día los cambios son mínimos. Lo único en ascenso constante son los precios y su única preocupación real es la comodidad. La experiencia cinematográfica está encasillada y la llegada del cine en 3-D no es capaz de responder a las inquietudes de todos los cinéfilos.
En el caso de México, el proyecto “Aquí se filmó”, que ejecuta la proyección de diferentes películas en la locación real en donde se filmaron dichos largometrajes, es sin duda una alternativa para salir de las salas y expandir el formato.
Dado que el cine se vale de múltiples corrientes artísticas para hacer sus obras más valiosas, ¿entonces por qué no darle esas herramientas al público? Las instalaciones de Secret Cinema borran los límites entre el cine y el teatro, el diseño, la música o la gastronomía. Es un proyecto pionero de un entretenimiento audiovisual que saca al espectador de su rol pasivo y lo pone en juego con la escena, así como con los otros asistentes.
Para los aventureros de nuevas vanguardias, dispuestos a sacrificar la comodidad de las butacas VIP a cambio de una experiencia diferente e irrepetible, Secret Cinema es la respuesta.
Ya sea en Londres o en un futuro cercano en México (ojalá), los cinéfilos están en un momento de elegir propuestas diferentes para ir al CINE sin tener que ir al cine.

Santiago Maza

12.2.15

Los dos Alejandros


332 a.C.. A orillas del Nilo, Alejandro Magno sueña con una  ciudad que llevará su nombre. El sueño es confirmado por su terapeuta personal Aristrando y más tarde Ptolomeo I la puebla de sus propios sueños: un paraíso para el conocimiento, un templo de las musas. Contemporáneo de una generación brillante en la que destaca Euclides, Arquímedes e Hiparco de Nicea, Timón de Flionte indica que Alejandría “alimenta gente que rasca papiros y que compite todo el tiempo por estar en la casa de las Musas”. ¿Qué hay allí que seguirá extendiéndose hasta no dejar huella? Gramáticos, filósofos, geógrafos, médicos, poetas, un jardín botánico profuso, cientos de maestros, miles de estudiantes, un puerto, un deambulatorio, un ábside, un faro, griegos, cristianos, judíos, islámicos y la biblioteca más grande y famosa donde las haya.
Las circunstancias –una guerra de navíos iniciada por el César, entre otras- hacen mengua en sus archivos. Se incendian, se llevan, se rescatan. Finalmente, en el s. V d.C. un grupo de fanáticos cristianos, comandados por un tal Teófilo, la pulverizan. El número de los libros que albergó y no volveremos a ver jamás se deja a discreción. Unos dicen cuarenta mil; otros, medio millón. Entre todo: una biblioteca personal de Aristóteles, textos budistas, de zoroastrismo, paganos (dioses y lenguaje incluidos), la historia de Babilonia de un sacerdote caldeo, la traducción de la Biblia de los setenta y dos helenizantes, versiones de Zenódoto a los textos de Homero, el corpus de Hipócrates estudiado por Galeno, el original de la Torá traído de Jerusalén.
Para que no queden dudas sobre su consigna, el sobrino de Teófilo, Cirilio (San Cirilio para la Iglesia Católica) tortura, descuartiza y asesina a Hipatia, filósofa, astrónoma y algebrista. El 28 de febrero del 380 se había emitido el Edicto de Tesalónica a todas las extensiones del Imperio Romano y era muy puntual: “Ordenamos que tengan el nombre de cristianos católicos quienes sigan esta norma, mientras que los demás los juzgamos dementes y enfermos sobre los cuales pesará la infamia de la herejía”. Nunca se sabe hasta qué punto se puede interpretar la piedad, la santidad apostólica y otras palabras mencionadas en ese mismo Edicto.
En 2009, otro Alejandro, Amenábar, realiza el sueño de construir Alejandría. Del emperador al cineasta, la misma aspiración: construir una ciudad, ¿no es el juego de un niño? Con el auxilio de ochenta millones de dólares y un equipo de quinientos profesionales tan sólo en el departamento de arte, es levantada en Malta una reconstrucción bastante fiel a Alejandría; fiel hasta donde llegan las investigaciones de una ciudad sepultada en algún lugar bajo las aguas, la película Agora (2009) retrata la esperanza de una mujer por comprender el universo a través de la ciencia -entonces los planetas y el Sol giraban alrededor de la Tierra-, en un tiempo de discordia, barbarie y machismo, ¿y cuál era ese? Para evidenciarlo, Amenábar se sirve de primeros planos y close-ups que, por ejemplo, pasan  de los pies de Hipatia acariciados por su esclavo a panorámicas que, en momentos de algidez social, figuran los hombres hormigas, dementes hormigas que en vez de reconocerse con sus antenas y continuar su camino se eliminan unas a otras. En suma, nuestra barbarie, que de cerca dan ganas de llorar y de lejos, es ridículo. Las hordas salvajes ingresan a la monumental biblioteca para prenderla en fuego, alguien grita “Dios es uno”, todos se sienten eufóricos, enardecidos, pero la panorámica se eleva hasta que la ciudad se pierde entre la tierra, hasta que la tierra, y todo su planeta, se pierde en el espacio, el espacio ilimitado y silencioso -en la película, con música de Marianelli- que exploraba Hipatia, ahí donde ya no nos vemos.

Redacción Párpado

El mago que compró una cámara

1

El 28 de diciembre de 1895, en el Salón Indio del Gran Café en el Boulevard de las Capuchinas, París, el mago Georges Méliès habla con Antoine Lumière, padre de Nicolás y Louis Jean, inventores del proyector-cámara llamado cinematógrafo. Antoine le dice: “Usted, que a todos sorprende con sus trucos, va a ver algo que le asombrará”. Es la antesala al nacimiento del cine.

En pocos minutos, desfilan en la pantalla imágenes ininterrumpidas de obreros saliendo de una fábrica, de un bebé al que dan de comer sus padres, de la llegada de un tren a la estación Ciorat que se desliza y desaparece por la parte izquierda de la pantalla. Para los Lumière el invento no es más que “un juguete pasajero” que quieren vender lo más que puedan antes de que pase de moda. Para la intuición del mago es más que eso. Ofrece por el aparato diez mil francos a Antoine, incluso cincuenta mil. Finalmente compra uno similar, el Bioscopio de Robert W. Paul, que mejora, y película virgen de Kodak que hoy ya está en desuso. Georges Méliès sabe no sólo de ilusionismo, también ha trabajado confeccionando máquinas en el negocio de su padre. Méliès reúne dos conocimientos fundamentales del cine: máquina e ilusión. Además pinta; aprendió de Gustave Moureau.
Un día, capturando escenas de la vida cotidiana, se traba el bioscopio durante un minuto. Cuando proyecta la cinta ve que, de un fotograma al que sigue, el ómnibus de la línea Madeleine-Bastille se convierte en un coche fúnebre, los hombres en otros hombres o en mujeres, unas cosas desaparecen o se sustituyen por otras. Para aquella cámara la realidad es alterable. Para Méliès también. Sólo en 1896 filma 78 películas, la mayoría entre uno y seis minutos, algunas de diez hasta minutos. El mago que en su teatro (el teatro que compró a Robert Houdin) utilizaba ya las proyecciones de placas o la linterna mágica del siglo XVII implementa ahora el cinematógrafo y su capacidad de trucaje. 

También desarrolla la exposición doble o múltiple de la película, la dirección de luz natural y artificial, el uso de la proporción, el travelling, el coloreado a mano de los fotogramas (llegó a ocupar más de 200 obreros para esa ardua tarea). Actores, acróbatas, comediantes, maquinistas, decorados, la construcción del primer set de filmación en la historia… todo al servicio de su imaginación. Sus argumentos –fábulas, óperas, recreaciones de hechos como el caso Dreyfus, evocaciones de la mitología grecorromana, cuentos clásicos- son sólo pretextos para ponerse a filmar. Si a lo largo de las 500 películas casi no mueve la cámara es porque todo lo experimenta en ella y delante de ella. Ya llegará Griffith y el montaje, ya llegarán cientos de años.
En 1913 filma su última película, El viaje de la familia Bourrichon. Hasta entonces ha podido ser “original, porque no dependía de nadie” (carta a Carl Vincent, 1937). Su empresa, “La Star Film”, se había dedicado a producir imágenes y venderlas directamente al exhibidor. No había intermediarios. Las reglas de la incipiente industria cambian y pide requisitos que Méliès no puede cumplir. A partir de 1911 comienza a endeudarse. En 1913 concluye sus actividades productivas. Al año siguiente Europa entra en la primera gran guerra del siglo. Méliès se ve obligado a vender sus películas para no caer en la penuria. El celuloide, escaso en tiempo bélico, sirve para hacer peines, cepillos de dientes y tacones. Estremecedor pensar que con “El viaje a la luna” alguien se lavó los dientes, con “El melómano” o “Hidroterapia fantástica” una mujer pudo adornarse y caminar. Las copias de sus obras irán siendo rescatadas durante todo el siglo XX. En 1929, cuando Méliès se dedica a vender juguetes en la estación de Montparnasse (ya enviudó y se volvió a casar con una de sus antiguas actrices), son rescatados ocho filmes y se le brinda un justo homenaje. En 1981 se rescatan 148. En 2009, 4.

2
En 2011, Bernardo Bertolucci recibe la Palma de Oro en el festival de Cannes. Entre las declaraciones que da desde su silla de ruedas sorprende la de su admiración por la tecnología tridimensional: “¿Por qué se considera que el 3D es bueno solamente para horror o ciencia ficción o ese tipo de películas? Pensé: ‘si 8 1/2′ de Fellini fuese en 3D, ¿no sería excelente?”.
De manera similar pensó Martin Scorsese para concebir La invención de Hugo Cabret (y seguramente Alfonso Cuarón para Gravity o Alfred Hitchcock en Dial M for Murder desde hace seis décadas). En entrevista difundida por Paramount, James Cameron –creador de Avatar- le elogia: “Tu película es sobre la admiración al cine y la película es también mágica”. Scorsese aclara: “Cuando la imagen se acerca y está en 3D y tienes ese elemento extra, es especial. Cada toma es especial”. Si Bertolucci pensó en Fellini, Scorsese piensa en Orson Welles: “Imagina El ciudadano Kane en 3D. No estoy diciendo que lo hagas”.
  Hugo Cabret es un libro de ilustraciones de Brian Selznick. Se encomendó la tarea de adaptarlo a John Logan, quien antes escribió El aviador. Tanto en la historieta de Selznick como en la película de Scorsese se recurre a fragmentos de películas de Harold Lloyd, Chaplin, Buster Keaton, los hermanos Lumière (si la llegada del tren es una imagen clásica lo es también la del público de los primeros cines que se espanta con la llegada del tren). La fantasía se sustenta en hechos históricos. Los personajes principales son un niño huérfano (Asa Butterfield) que pasa los días detrás de los relojes de la estación de Montparnasse y el extraño vendedor de una tienda de juguetes que resulta ser Georges Méliès (Ben Kingsley). Scorsese mezcla la soledad y travesía del niño como relato de aventura con un homenaje de rigor al primer cineasta de ficción de la historia.

3

En 1990 Martin Scorsese fundó la World Cinema Fundation. Sin fines de lucro, con un consejo conformado por cineastas como  Wong Kar-Wai, Wim Wenders o González Iñárritu, se dedica a restaurar y preservar películas o apoyar económicamente a otras asociaciones que también lo hacen. Es un trabajo muy largo y costoso, ya que se tiene que hacer manualmente. Se requieren 75 dólares para limpiar digitalmente 375 fotogramas, lo que equivale a 15.3 segundos; 150 dólares para restaurar 450 fotogramas o 18.75 segundos. Sólo en Estados Unidos el 90% de las películas mudas y la mitad de las sonoras anteriores a los 50 se perdieron.


Redacción Párpado

7.2.15

Parejas, tríos y...

Publicado originalmente en El País el 26 de febrero de 2013, previo al estreno de su filme "Amantes pasajeros", el director de cine Almodóvar plasma en este texto una reflexión y repaso sobre la historia de la comedia y de su propio proceso creativo.

La comedia es el género donde predomina el humor. Hay humor de varios colores y comedias de varios tipos, y como todos los géneros también se combina con otros, el drama, la tragedia, la crítica social, y se multiplica en toda suerte de géneros bastardos y paródicos. En todas mis películas hay humor, a veces la comedia irrumpe en otros géneros encarnada en uno de sus personajes, perdón por la autocita, Agrado (Antonia San Juan) en Todo sobre mi madre y Paca (Javier Cámara) en La mala educación cumplían esa función. Cuando aparecen en escena llevan la comedia con ellos y se imponen al tono general de la narración. Como escritor y director disfruto mucho con este tipo de incursiones y me ha llevado tiempo imponerlas en películas dramáticas, especialmente ante los críticos anglosajones, menos flexibles a la hora de aceptar la mezcla de géneros, algo tan natural en la vida como en el cine. Desde que te levantas hasta que te acuestas, a lo largo del día atraviesas varios géneros, algunos de ellos opuestos. De ese modo entendí, desde el principio de mi carrera, la narración cinematográfica.


Dentro de esta mezcla constante que he ido destilando a lo largo de los últimos treinta años, la última comedia sin impurezas que he hecho sería Mujeres al borde de un ataque de nervios, en Volver, La flor de mi secreto y Todo sobre mi madre hay mucho humor pero solo en ocasiones o adherido a alguno de sus personajes, como he explicado. En La Flor de mi secreto, el dúo Chus Lampreave-Rossy de Palma es un dúo cómico, pero el tema era la debilidad de la escritora Leo en su camino a la locura. Por tanto, Los amantes pasajeros es la primera comedia que hago desde Mujeres al borde de un ataque de nervios, hace veinticinco años.
Aspectos que he tenido muy en cuenta:
Ensayo/Ritmo. A pesar de la espontaneidad propia del género, las comedias que he hecho hasta ahora, y esta no es una excepción, las ensayo exhaustivamente durante el periodo de preproducción y, después, en el rodaje. La espontaneidad es producto siempre del ensayo.
Un guion no está terminado hasta que la película no se haya estrenado. Ensayo el guion como una obra de teatro. Casualmente tanto Mujeres… como Los amantes… parecen obras de teatro, la acción de ambas transcurre mayormente en un solo decorado. Las ensayo como teatro, pero no las ruedo como teatro (de hecho no he dirigido nunca teatro, no sé cómo es). Son comedias muy orales, la acción radica básicamente en la palabra y la falta de pudor de los personajes.
En los ensayos suelo improvisar mucho, después reescribo las secuencias para volverlas a ensayar, y así sucesivamente hasta la obsesión. Con las improvisaciones las secuencias suelen alargarse, pero es el mejor modo que conozco de encontrar matices y situaciones paralelas que desde el respeto envarado al texto nunca descubriría. Después de estirarlas y hacerlas explotar, vuelvo a reescribirlas tratando de sintetizar lo improvisado. Y vuelta a ensayar. Algunos de los actores, especialmente Carlos Areces, no soporta que le quites uno solo de sus chistes, aunque haya surgido mientras la escena se busca a sí misma y no esté consolidada. Todo lo que surge e implica a su personaje le pertenece, si por él fuera la película duraría tres horas. (A veces ruedo dos versiones de la misma escena y reconozco que en ocasiones monto la “improvisada”). Lola Dueñas también es de las que se apropian inmediatamente de todas las gamberradas que se me ocurren durante los primeros ensayos, después resulta desgarrador decirle que era solo un juego, un modo de estirar, delirar, indagar, perder el sentido del ridículo y sobre todo perderle el respeto al texto, y que solo era un mero ejercicio. Cuando Lola me ve improvisando una escena de su personaje, por pasada que sea, si le gusta la agarra y no hay modo de convencerla de que no iba en serio. Reconozco que a veces ha conseguido salirse con la suya. La idea de la puesta en escena de la primera vez que entra en trance en la cabina buscando sensaciones mientras soba el cuerpo de los dos pilotos se me ocurrió entre las risas de los afectados, pero no pensé montar la secuencia así (pero de esta manera es como queda en la película). Después de insistirme mucho, Lola me pidió que al menos viera cómo la hacía y después decidiera, pero que le diera la oportunidad de interpretarla así. Y la hizo, y después de verla no me quedó más remedio que dejarla. Lola Dueñas es capaz de respirar tal verdad en las situaciones más alocadas que consigue hacer verosímil cualquier disparate.

 
Los ensayos en plan teatral van encaminados a conseguir otro de los elementos clave de una comedia, el ritmo, el tempo. En comedia, el tempo es otro que en el tiempo racional. Cuando el actor da la réplica, no ha tenido tiempo físico ni mental de asimilar la frase anterior, pero debe soltar la suya a toda velocidad. Nadie se va a preguntar si ha entendido lo que le decían, y si algún espectador se lo pregunta mala señal. Dentro de la comedia, el estilo que imparte lecciones de ritmo (además de todo Woody Allen, pero yo creo que es por las prisas del director neoyorquino) es el screwball, la comedia disparatada americana. Vean Medianoche (Mitchell Leisen), Historias de Filadelfia (George Cukor), La fiera de mi niña (Howard Hawks), Ninotchka (Billy Wilder), Un marido rico (Preston Sturges), Ser o no ser (Lubitsch), Una chica afortunada (Mitchell Leisen), Los viajes de Sullivan (Preston Sturges) y en general cualquier comedia donde dé la réplica Cary Grant, Carole Lombard o Katherine Hepburn (Marilyn es una diosa del género, pero ella tenía su propio ritmo, un ritmo letal. Las seductoras en general necesitan ese ritmo para seducir, Marlene Dietrich ni siquiera dirigida por Lubitsch consiguió hablar rápido. Ellas son las excepciones. Las guapísimas y los guapísimos no suelen ser buenos actores de comedia. Añadamos a la lista de excepciones a Sofía Loren y Penélope Cruz, ambas guapas de no dar y que también saben hablar vertiginosamente, pero claro una hace de napolitana y la otra es de Alcobendas). Pero por ejemplo Claudette Colbert puede hablar como una cotorra, y Ginger Rogers, y también Katherine Hepburn, que aunque sea bellísima a los ojos contemporáneos era una rara para los cánones de la época.
El tempo. Diálogos picados. Ensayos. De otro modo, aunque las situaciones sean divertidas y los actores excelentes, y con recursos, la película se alarga y las escenas también. No quiero señalar con el dedo, pero un ejemplo de este problema es La boda de mi mejor amiga. El director espera que las actrices improvisen hasta dar con el chiste buscado. No se debe improvisar delante de la cámara, sino mucho antes. Para remate, tanto el montador como el director se enamoran de los intérpretes y del material rodado. El resultado es una película resultona, valga la redundancia, pero que dura 125 minutos (se salva porque Kristen Wiig y Melissa McCarthy son maravillosas comediantas). Otra regla de oro: las comedias no deben durar más de hora y media. Basta ver las que más nos gustan, suelen durar de 75 a 90 minutos.

El ritmo depende de los actores y del montaje. Hay escuelas que favorecen este ritmo y escuelas que suponen un atentado en su contra. Entre las primeras, favorece tener mucha experiencia en subproductos (vampiros, muertos vivientes, endemoniadas, alienígenas, robots, espionaje, etcétera) o venir del cabaré, ambas experiencias son las mejores escuelas. El cabaré entendido al modo mediterráneo o anglosajón. A mí, por ejemplo, Saturday nigth live me parece cabaré, cuna durante décadas de los mejores cómicos americanos. El Actor’s Studio sin embargo, con todo el respeto y admiración que merece, me parece lo contrario. Brando, ¿actor de comedia? No. Y lo intentó. Incluso cantó y bailó en Ellos y ellas (Joseph L. Mankiewicz), tieso como una escoba, pero Brando era demasiado consciente de sí mismo. Montgomery Clift, no sé si llegó a intentarlo, pero no me lo imagino. Ni a James Dean. Ni a Daniel Day-Lewis, no discuto su grandeza (la de ninguno de ellos), por muy delgado que esté Daniel Day-Lewis no consigue dar la menor sensación de ligereza. Marilyn Monroe sigue siendo la excepción, adoptada por los Strasberg, consiguió sobreponerse al peso del Método.
De todos modos, volviendo al tema hombres y comedia, en la época dorada del screwball, los años treinta y cuarenta, aunque no fueras un gran actor cómico ni se te pudiera comparar con el Rey Absoluto, Cary Grant, si tenías un buen guion y un buen palmito, y caías en las manos de Ernst Lubitsch, Mitchell Leisen, Preston Sturges, Billy Wilder, George Cukor o Howard Hawks podías lucir dignamente como actor cómico, no solo Joel McCrea y Gary Cooper, incluso el excesivamente machirulo Clark Gable, James Stewart o John Wayne salieron ilesos, bastante atractivos y muy bien vestidos en comedias míticas. Pasada la lozanía de los veintipocos años, ya podías descuidarte y subirte a lomos de un caballo, bien armado, y convertirte en leyenda del Oeste.
Otro modelo que escapa a la norma es actores o actrices con encanto. Audrey Hepburn es el epítome junto a Shirley MacLaine, ambas fueron un género en sí mismas. Y Cary Grant, siempre. Y Rex Harrison y su esposa Kay Kendall. Encanto y clase. O unos dientes prominentes, Carol Burnett, Marta Fernández Muro, o simplemente ser inglesa, Maggie Smith. O tirando a payasa, Rosalind Russell, Lucille Ball, Lina Morgan. O un chico del montón, Jack Lemmon, o simplemente feo y socarrón, Walter Matthau. Tener una voz rara, tirando a chillona también ayuda y funciona muy bien en este género, Judy Holliday, Gracita Morales, Verónica Forqué. Debería nombrar a alguna cómica francesa. Ya está, Arletty, una mujer que se adelantó varias décadas en su modo de actuar, directo y contemporáneo. Las características antes mencionadas no servirían de nada si no fueran unidas a toneladas de talento, como es el caso de todos ellos.
Algunas damas y varones del cine negro consiguieron a base de buenos guiones y sentido del ritmo ser francamente divertidos, se llevan la palma Humphrey Bogart y Lauren Bacall. Y Myrna Loy junto a William Powell en la divertida saga de El hombre delgado. Alargaron hasta seis largometrajes los personajes creados por Dashiell Hammett, siempre rebosantes de encanto, estilo y chispa. Esto nos lleva a otra de las grandes claves que una comedia debe respetar: las parejas.
Cuando surge el milagro de la química entre dos o más actores hay que ponerlo todo a su servicio. Tanto en comedia como en otros géneros, la química entre parejas es sagrada y ha dado resultados que ya son historia en la memoria de este noble arte centenario. Katherine Hepburn y Cary Grant, Walter Matthau y Jack Lemmon, Jack Lemmon y Shirley MacLaine, Diane Keaton y Woody Allen, Rafaela Aparicio y Florinda Chico, Katherine Hepburn y Spencer Tracy, Bogart y Bacall, Carole Lombard y cualquier actor que le pusieran al lado, Fernán-Gómez y Analía Gadé, Loren y Mastroianni, Vittorio de Sica y todas sus parejas, Tony Leblanc y Conchita Velasco, López Vázquez acompañado de Gracita Morales, Alfredo Landa, Manuel Alexandre o cualquier actor de su generación, María Luisa Ponte, Laly Soldevila también en compañía de cualquier actor o actriz, Luis Ciges, solo o en compañía de otros, Tota Alba, Trini Alonso, Pajares y Esteso, Edgard Neville y Conchita Montes, Martes y Trece, Tip y Coll, y tantos otros. No pensaba incluir actores españoles para que no hubiera agravios comparativos, pero no he podido evitarlo. Hay muchos más de los mencionados.

Admiro enormemente la escuela española de interpretación y la mediterránea, en general, no las incluiría en el estilo screwball (en los años treinta y cuarenta España no estaba como para hacer comedias disparatadas, nuestra trágica realidad solo permitía la evasión cinematográfica vía comedias de folclóricas, raciales y muy honradas). Pero la escuela mediterránea tiene entidad propia, es una escuela identificable, en su modo de abordar todos los géneros, y muy distinta de la escuela británica, americana o francesa, a la que evidentemente no incluyo a pesar de que geográficamente sea mediterránea.


En la escuela mediterránea predominan la pasión de los personajes, la carnalidad y la falta de pudor, como si los personajes no se respetaran a sí mismos ni a los otros, esta característica es algo que le va muy bien a la comedia, las mujeres y los hombres están hechos de carne y hueso, no han pasado por la peluquería y gritan muchísimo, pierden el control, parece que se van a comer unos a otros, aunque después todo se solucione como debe ser, en la cama. Son menos elegantes que los sajones, pero más sexis. Esta cercanía con la tierra y lo real permite a la escuela mediterránea hablar de problemas sociales, con mucho humor, riéndose de las limitaciones y tragedias de la vida, según la época, y hacer que broten la luz y las risas dentro de la negrura. Un maestro, inclasificable y único, y que trabajó con los máximos exponentes locales de este modo de actuar fue Luis García Berlanga.
Luz y artificio. El tipo de comedia en el que se inspira Los amantes pasajeros es estilísticamente muy artificial, la luz y el decorado lucen restallantes en colores pasteles, subrayados por el rojo, que huyen deliberadamente del realismo y del naturalismo. El humor no debe preocuparse por la corrección política, más bien al contrario. Tabú y humor son dos conceptos antagónicos. La comedia de cualquier estilo permite abordar todos los temas, incluidos los más escabrosos. El genio de Charles Chaplin se atrevió en el año 1940 del siglo pasado a que el inminente nazismo fuera sujeto de una comedia deliciosa. No se me ocurre un tema más tremebundo que el nazismo. ¿Deberían ser políticamente correctos los Monty Python, Mae West o Saturday Nigth Live? Pues no.
Los amantes pasajeros están a punto de aterrizar en nuestras pantallas. Tengo que agradecer a todos los actores su entrega ciega y absoluta. Ahora solo nos queda esperar que alguien se ría, o sonría, y salga del cine con mejor ánimo del que entró. Al fin y al cabo, la comedia es eso, que no es poco.

Pedro Almodóvar

31.1.15

El canon del corto

Formular un canon es tarea del tiempo. Es la calidad de las obras y el público diverso y las circunstancias los factores que, a lo largo de décadas, deciden clásicos. Nos es natural, en el mundo del cortometraje, preguntarnos por sus imprescindibles. Con el ánimo de dejar la pregunta abierta, Párpado sugiere diez cortometrajes que –por su maestría - bien pueden disputarse su lugar en el canon.

1. Buster Keaton – The playhouse
1921

Buster Keaton compra una entrada para ver una obra musical que Buster Keaton dirige. Todos los músicos de la orquesta son Buster Keaton y múltiples y diversos Buster Keaton conforman el público. En el colmo de los clones, uno de los tantos personajes que interpreta el mismo comediante se sorprende y dice: “Este Buster Keaton parece ser todo el espectáculo”. Con esta enigmática secuencia abre “The playhouse”, un cortometraje realizado en 1921 por el comediante que llevó la comedia física, el slapstick y la gestualidad mínima e impecable al extremo de la imaginación. El genio de Keaton, aunque descansara en su cuerpo de plastilina, no se detenía ahí. Precisamente “The playhouse” es posterior a la fractura de su tobillo –nunca se permitió el uso de dobles, basta ver “It’s late” o cualquiera de sus obras para entender lo que esto significa-; la falta de libertad habitual en sus movimientos la compensó con el uso de efectos visuales increíblemente ingeniosos y detalles de humor únicos en uno de sus filmes más autobiográficos.

Dato curioso: Para hacer Walle-E, los creadores de Pixar se inspiraron y estudiaron los cortometrajes de la época muda de Buster Keaton.


2. Luis Buñuel – El perro andaluz
1929

“…pasando la Navidad con Salvador Dalí en Figueres, le sugerí hacer una película con él. Dalí me dijo: ‘Yo anoche soñé con hormigas que pululaban en mi mano’. Y yo: ‘Hombre, pues yo he soñado que le cortaba el ojo a alguien’. En seis días escribimos el guión.”. Así cuenta Luis Buñuel el origen y el proceso creativo de “El perro andaluz” (1929), cortometraje sin paralelo en la historia donde los genios del cine y la pintura plasmaron su profundo inconsciente y don en pleno auge del surrealismo. Continúa su anécdota: “Trabajamos acogiendo las primeras imágenes que nos venían al pensamiento y en cambio rechazando sistemáticamente todo lo que viniera de la cultura o de la educación Tenían que ser imágenes que nos sorprendieran, que aceptáramos los dos sin discutir.” (Entrevista con José de la Colina y Tomás P. Turrent en “Luis Buñuel: Prohibido asomarse al interior”).


Diálogo entre Buñuel y Dalí

LB: ¿Qué ve?
SD: Un sapo que vuela.
LB: Malo.
SD: Una botella de coñac.
LB: Malo.
SD: Pues veo dos cuerdas.
LB: Bien, pero ¿qué viene detrás de las cuerdas?
SD: El tipo tira de ellas y cae, porque arrastra algo muy pesado.
LB: Ah, está bien que se caiga.
SD: En las cuerdas vienen dos grandes calabazas secas.
LB: ¿Qué más?
SD: Dos hermanos maristas
LB: ¿Y después?
SD: Un cañón
LB: Malo; que venga un sillón de lujo
SD: No, un piano de cola
LB: Muy bueno, y encima del piano un burro… no, dos burros podridos.
SD: “¡Magnífico!”


3. Teddy Newton (Pixar) – Day and Night
2010

Desde 1984, año en que se proyectó el cortometraje de John Lasseter, “Las aventuras de André y Wally B.”, irrumpió en el arte de la animación una nueva tendencia basada en el desarrollo de la informática. “Pixar reunía ambas culturas” –la del cine y la tecnología-, diría Steve Jobs, quien en 1986 se hizo dueño de la compañía a la que llamaron Pixar. El desarrollo de una tecnología que perfeccionara los gráficos y la generación de imágenes animadas (tarea de Jobs, además, en Apple y NeXT), sumado al talento de creadores como Lasseter, que concibió “Toy Story” (1995), o Teddy Newton, derivó en películas y personajes sobresalientes . Si “Toy Story 3” es el quinto largometraje más taquillero de todos los tiempos, es probable que “Day and Night”, la breve y extraordinaria historia que le antecedió en las proyecciones, sea el cortometraje más visto en la historia del cine.


4. Akira Kurosawa – Cuervos
1990

Un joven que se inicia en la pintura visita una exposición de Vincent Van Gogh. De golpe, se introduce en uno de los lienzos. Aparece en la tierra que vivió Van Gogh, lo encuentra con su oreja parchada, obsesionado por retratar aquello que hoy admiramos. “Cuervos” pertenece a “Dreams” (1990), suma de cortometrajes que destacan por su fuerza estética y la profunda visión de Kurosawa, que de sueños propios extrajo ocho cuentos audiovisuales que abundan en las viejas leyendas de Japón, la infancia, la voluntad del hombre frente al miedo y la muerte, la destrucción de la vida por una central nuclear que tiñe de rojo tóxico el paisaje en torno al Fuji, la espiritualidad y la sabiduría.


Dato curioso: Van Gogh es interpretado por Martin Scorsese.

5. Raoul Servais – Atraksion
2001

“Atraksion” es el más reciente trabajo de Raoul Servais, quien desde 1979 combina acción en vivo con animación en una técnica ya conocida como Servaisgrafía. Su originalidad no reside sólo en lo técnico sino en la búsqueda de contenidos expresivos, de narrativa singular, y una visión de autor que en su momento ha conjuntando el homenaje a Paul Delvaux en el notable cortometraje “Taxandria” (1994), la crítica a los medios de comunicación y los poderes de la sociedad moderna (“To speak or not to speak”, “Chromophobia”) y la recurrencia a los sueños; Sevais llegó a trabajar, entre otros, con René Magritte. “Atraksion” es un film de aquellos que abren un enigma que se resiste al inmediato desciframiento y desnuda la incertidumbre de la percepción y la voluntad del ser humano.


6. Jean-Pierre Jeunet – Foutaises
1989

Dos años antes de darse a conocer con el largometraje “Delicatessen”, obra inconfundible a la que una década después seguiría otra aún más popular, “Amelie”, Jean-Pierre Jeunet realizó “Foutaises”, cortometraje en que plasma sus obsesiones, técnicas y recursos narrativos que, mostrados en toda su dimensión aquí, harán después, en “Amelie” y el resto de sus obras, lo que son. En “Foutaises” ya está pues, y de modo impecable por la brevedad del relato, la originalidad creativa de Jean-Pierre Jeunet y hasta la participación del actor Dominique Pinon. ¿Y a ti qué te gusta y qué no te gusta de los pequeños detalles que constituyen, con su huella imborrable, nuestra vida?


7. González Iñárritu - Powder Keg
2001

Un fotógrafo de guerra es herido en Nuevo Colón, tras la masacre perpetrada por sicarios en un contexto de narcotráfico en tierras rurales. En un intenso corto de principio a fin, el fotógrafo intenta ser salvado, llevándolo a la frontera. “¿Qué le estamos haciendo a este país? Todo esto para que nuestros yuppies tengan su raya semanal de coca”, dice el fotógrafo americano al hombre que ha ido a recogerlo. A la crítica política se adhieren los contenidos humanistas recurrentes en la obra de González Iñárritu: la vulnerabilidad, la guerra, la injusticia y la dignidad de un fotoperiodista que –entre la vida y la muerte- no deja de juzgarla y retratarla.  “Powder Keg” es parte de una serie de cortos financiados por la BMW con la única condición de que usaran alguno de sus automóviles; destaca, además, entre ellos, “The follow”, de Wong Kar Wai.



8. Pascal Aubier – Le dormeur
1974

Plano-secuencia de diez minutos, para Andrey Tarkovski es muestra notable del flujo del tiempo y el ritmo en la imagen cinematográfica: “Primero nos muestra la vida de la naturaleza, majestuosa y tranquila, indiferente al bullicio y las pasiones humanas. Entonces la cámara, controlada con una habilidad de virtuoso, se mueve hasta tomar una pequeña mancha: la figura de alguien durmiendo, apenas visible en la hierba en la ladera de una colina. Sigue inmediatamente el desenlace dramático; el paso del tiempo parece acelerarse, adelantado por nuestra curiosidad…” (Esculpir el tiempo). Pascal Aubier, también actor, tiene en su haber más de una docena de cortometrajes.


9. Michelangelo Antonioni – Lo sguardo di Michelangelo
2004

Trata de la mirada que cruzan dos artistas: el que entra con paso lento a la iglesia de San Pedro in Vincoli, cineasta consagrado y director de este film Michelangelo Antonioni, y el otro Miguel Ángel -si algún artista que trasciende los tiempos él- quien parece mirar a través de su obra, la estatua de Moisés, al centro del mausoleo del papa Julio II, mecenas de las artes y protector de Rafael y Miguel Ángel, a quien encargó además pintar el techo de la Capilla Sixtina. Con “La mirada de Miguel Ángel”, el último de sus films, culminó Antonioni una trayectoria marcada por los principios de quien sostuvo que “la observación de la realidad sólo es posible poéticamente”.



10. James W. Griffiths – A love story
2001

El desarrollo de la tecnología, la disminución progresiva de sus costos y la construcción de nuevas redes de comunicación en internet son factores que hoy permiten a los creadores realizar y difundir sus cortometrajes con una facilidad que generaciones anteriores anhelaron o ni siquiera alcanzaron a imaginar. “A love story” es un corto enteramente grabado con un celular Nokia; en vez de resultarle un impedimento, para Griffiths fue la herramienta con la cual supo narrar una historia de amor de manera especial, creativa y genial.



Redacción Párpado



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